Alien: el octavo pasajero, una clase magistral en terror y ciencia ficción
39
años después de su estreno, Alien: el octavo pasajero sigue generando el mismo
terror y asombro en las audiencias de todo el mundo.
Por: Carlos Manuel Delgado Nule
Por: Carlos Manuel Delgado Nule
Gracias al festival de cine The Classics, los cinéfilos pudimos
disfrutar de varios de los grandes filmes de la historia en el Centro Comercial
Avenida Chile en Bogotá del 8 al 14 de noviembre de 2018 en Bogotá. Una de las
grandiosas películas que presentaron fue Alien: el octavo pasajero. La obra
maestra del director inglés Ridley Scott revolucionó los géneros del terror y
de la ciencia ficción; y, además sigue siendo uno de los mejores ejemplos de
aplicación correcta de efectos especiales prácticos.
El ritmo de la película es
fantástico. La primera mitad se centra en conocer el día a día de la nave
espacial de carga Nostromo; nos presentan al Capitán Dallas, interpretado por
Tom Skerritt; a la Suboficial Ripley, interpretada por Sigourney Weaver y al
resto de la tripulación; completada por un reparto estelar con John Hurt,
Veronica Cartwright, Ian Holm, entre otros. Muestran su camaradería y sus
conversaciones, en las que ningún personaje tiene más tiempo en escena que el
otro, dándole igual importancia a todos y haciéndonos dudar un poco sobre quién
es el personaje principal de la película. En la segunda mitad, cuando
descubrimos que hay un Alien dentro de la nave, vemos cómo aumenta poco a poco
el suspenso y la tensión. “La forma en que [Ridley] Scott eleva meticulosamente
el sentido de amenaza y tensión es digna de Hitchcock”, dijo en su momento
James Bernardelli, crítico para ReelViews.
La familiarización que obtenemos con la tripulación en la primera mitad hace
que cada víctima que toma el Alien nos afecte mucho más emocionalmente y que
nos pongamos en el papel de Ripley (Sigourney Weaver), que termina siendo la
protagonista del filme, y sintamos su miedo y frustración.
La ambientación que crea Scott
para la película es espléndida. La apariencia sucia y vieja de la nave Nostromo
cuadra con la que deseaba Scott para la película: “Quería que se vieran como
camioneros en el espacio”, dijo Scott en 2003. Una visión que era todo lo
contrario a lo que se veía en las películas de ciencia ficción en esa época,
como La guerra de las galaxias, en la que se presentaba al espacio como algo
mágico y especial. En Alien: el octavo pasajero, el espacio es presentado como
algo desolador y hasta deprimente. Las escenas fuera de la nave Nostromo, en el
planeta LV-426, están llenas de misterio y una especie de asco o repudio,
ayudado por los espeluznantes escenarios creados por el artista suizo H.R.
Giger y la tenue y oscura música de Jerry Goldsmith. “Cuando pienso en la
película, estos elementos característicos vienen a mi mente: un escenario
cavernoso, con poca luz; una atmósfera que babea con temor cósmico; secuencias
de suspenso mortal; explosiones de violencia sangrienta; y un diseño alienígena
extraído de los rincones más oscuros de la imaginación”, me dijo Gabriel
Rhenals, aclamado cineasta, cuando le pregunté sobre el ambiente de la película.
Pero lo más importante de estas escenas es que juegan con uno de los mayores
miedos de la humanidad: el medio por lo desconocido.
El Alien en sí, la icónica
criatura que acaba con casi toda la tripulación de la nave Nostromo, es gran
parte del éxito de esta película. Al igual que los escenarios del planeta
LV-426, la horripilante criatura salió de la perturbada mente de H.R. Giger y
fue llevada a la pantalla grande a punta de efectos prácticos. No se utilizó un
solo efecto de computador para la encarnación del Alien y la evolución de este.
Se usaron desde intestinos de oveja hasta estómagos de vaca para hacer a la
criatura en su forma precaria y se creo una cabeza robotizada a control remoto
para la versión adulta del Alien. Es por eso que los efectos se ven tan bien
incluso en este 2018, casi 40 años después del lanzamiento de la película. Pero
lo más miedoso del Alien no es su apariencia, es el uso que le da Scott en las
escenas de terror. El monstruo aparece en muy pocas escenas del filme, y el
hecho que sepamos que está presente en algún lado de la nave, pero que no lo
podamos ver nos genera a todos una incómoda inquietud y un suspenso único. “Basta
con decir que la tensión es salvaje y que te mantiene en suspenso hasta los
cuadros finales”, dijo Ted Whitehead de The
Spectator en 2015.
La actuación de Sigourney
Weaver como Ripley es maravillosa. Scott quiso que Weaver encarnara en Ripley
el miedo de toda la audiencia frente al Alien. Cada grito, cada gesto, cada
gemido de terror ubica a la audiencia en el marco de la película. Las tomas movidas
y los planos cortos de Scott magnifican las sensaciones de estrés y
claustrofobia que el personaje tiene que sobrellevar. Ripley, además, fue un
símbolo importante en la época porque fue una de las primeras protagonistas
mujeres en la ciencia ficción que ayudó a cambiar la imagen de un género cinematográfico que, hasta
ese momento, se le denominaba como masculino. “Es un referente femenino para
las mujeres en películas de acción”, me dijo Liliana Pinilla al salir de la sala de cine, indicando que
Alien: el octavo pasajero no es solo una muy buena película, también es un
fenómeno cultural más grande de lo que Ridley Scott pensó cuando la película
que lo lanzó al estrellato se presentó por primera vez en 1979. No hubo, no hay
y posiblemente no habrá otra película como Alien: el octavo pasajero.
Película:
Alien:
el octavo pasajero
Director:
Ridley
Scott
Producción:
Gordon
Carroll, David Giler y Walter Hill
Guión:
Dan
O’Bannon
Música:
Jerry
Goldsmith
Estreno:
1979
Protagonistas: Sigourney Weaver, Tom Skerritt, Veronica Cartwright, Harry
Dean Stanton, John Hurt, Ian Holm y Yaphet Kotto.
Duración:
1
hora y 57 minutos
Calificación:
5/5
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